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TODAVÍA RECUERDO: luego de los besos,
Noticias del pueblo y otros dimes
Te quejabas, mentirosa, de la fiebre.
Hablaste de una Revelación, del Niño
buscando tu consuelo.
Y preparaste el cebo, abonaste el terreno
para que mi corazón, idiota, se tragara los anzuelos:
"te vuelvo a repetir:
yo te amo,
aun habiendo jurado no querer a ninguna otra persona
más que a mi Cristo Jesús,
pues nadie más que Él sabe que te adoro
y a pesar de eso
yo renuncié a tu amor para seguirlo
y demostrarle que lo amo también".
Me conmueve tu verbo.
Me rasga el corazón, me precipita.
Cómo luchar ahora,
cómo enfrentar tus genes, tu memoria,
cómo volcar el Símbolo, su rastro, sus alcances.
¿Te acuerdas de la iglesia
que persiste en nuestro pueblo?
La aborrezco, me emperro: la destruyo,
porque todo lo que huela a rezos, a ceras y conventos
me llega, me llaga, me punza, me encabrita.
Ahora soy un brujo, un huracán, un ocelote.
Un nahual convertido en este monte,
en caimán, en puma, en bruma.
Soy la garra que gruñe en esta selva,
soy un tapir husmeando entre los mangles.
Soy un mono,
tarántula, serpiente,
alcaraván picoteando los oídos.
Te reto a que me sigas,
me trepo en tu recuerdo.
Husmeo tus plantas, tus piernas, tu cadera.
Muerdo tu vientre, lamo tus pezones.
Me vengo como una larga daga.
Soy la araña columpiándose en la pared de tu retiro,
soy el viento que apaga veladoras,
soy el gallo que quiebra tus salmos y oraciones,
soy el ansia dormida
/eterno quiste que sangra en tu regazo.
Te reto a que respires la violencia de mi cuerpo
y reposes, jadeante, entre mis piernas.
Te invoco a que zozobres
y que tu vulva se estremezca complacida.
Escápate, retoza, vuelve pronto.
Rompo la espuma.
Escupo.
Que doblen las campanas.
México, D. F., abril 1º. de 1981.
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